¿Por qué nos agrada tanto el ridículo ajeno?

El lugar: Los alrededores de Tampico (¡mi tierra!). El personaje: Un payasito de nombre Chuchín. El tema: Llegó Chuchín.
Dejemos a un lado, aunque sea por esta única ocasión, la hipocresía: nos encanta (amamos) ver la degradación humana, la que no es la nuestra. Es por ello que Edgar, Delfín, la Tigresa y otros tantos, han alcanzado la fama en Internet.
Hoy por hoy, no hay ningún ídolo de la verguenza ajena. Los tiempos del Star Wars Kid terminaron hace mucho. Yo propongo, como sucesor del trono al legado de los que dan lástima, a este noble payasito. Que la bailada que se dió le traiga una recompensa en Internet:
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